La gente caminaba, los niños dormidos estaban en los brazos de sus padres. Una familia se disponía a regresar a su humilde hogar tan cálido y tan relajante, de esos que ya casi no hay. Pocas eran las almas que deambulaban sobre aquel perfecto parque donde la vida se hacia presente. No importaba la hora. Se notaba como el sonido de las lechuzas comenzaba a hacerse presente y aquella alma blanca, encontrándose tan delirante sobre una pequeña banca, vieja y acabada.
Un anciano, caminaba con paso veloz mientras el vapor salía de su boca, se cubría las manos dentro de su cálido abrigo de piel. Su bastón, que con algunas mordeduras de su fiel perro Mortis quien lo seguía con mucha lealtad, golpeaba la senda de aquel taciturno parque, de jueves por la noche.
La luna, que se asoma entre las grises nubes de otoño, engalana la noche y se postra sobre el gran lago del parque. Irradia esa melancolía y esa nostalgia de la que se llena la aturdida alma blanca. El sweter que se encuentra usando ha cambiado de color, por uno más oscuro. Se oye el sollozar, la tristeza y la pena de la que el amor es autor intelectual y principal actor.
Levanta su mirada, y ve como una hermosa ave blanca recorre de extremo a extremo del lago, y como fija el ave su mirada hacia ella, y como ella la observa con sus lagrimosos ojos de otoño.
Parecería que el cielo, pronto acompañaría la pena y la tristeza de aquella pequeña, y aturdida alma blanca…